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	<title>Voces de Resistencia &#187; mujica</title>
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		<title>Padre Carlos Mugica  PRESENTE!!</title>
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		<pubDate>Mon, 11 May 2009 20:23:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>vocesderesistencia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Represion]]></category>
		<category><![CDATA[Revolucion]]></category>
		<category><![CDATA[Revolucionarios]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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		<description><![CDATA[Por Ramiro Ross
En el mes de agosto de 1999, la hermana del Padre  		Carlos, como le gustaba que lo llamaran, me llamó angustiada para  		avisarme que se vencía el permiso de la sepultura donde estaba Carlos en  		el cementerio, nos pusimos en movimiento para “salvar” los restos tan  		queridos de Carlos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family:Arial;"><strong></strong></span><span style="font-family:Arial;"><strong></strong></span><span style="font-family:Arial;font-size:x-small;">Por Ramiro Ross</span></p>
<p><img class="alignleft" src="http://www.elortiba.org/graph/mugica_poster.jpg" alt="" width="258" height="377" />En el mes de agosto de 1999, la hermana del <a href="http://www.elortiba.org/memoria.html">Padre  		Carlos</a>, como le gustaba que lo llamaran, me llamó angustiada para  		avisarme que se vencía el permiso de la sepultura donde estaba Carlos en  		el cementerio, nos pusimos en movimiento para “salvar” los restos tan  		queridos de Carlos y nos pareció que el único lugar donde merecían  		guardarlos era la Villa 31, sin mas, hablamos con los Villeros, que  		aceptaron inmediatamente. Luego de infinidad de gestiones, logramos el  		permiso para retirarlo y la siguiente es la crónica de su traslado.</p>
<p>Cuando el sábado está soleado, en el bar “La Biela” de la Recoleta, lo  		‘mejor’ de nuestra sociedad se da cita para mirar y ser mirado, y este 9  		de Octubre de 1999 pasaba sin sobresaltos (como a ellos les gusta), pero  		algo les vino a alterar la tarde. A las 14,30 hs., sus costosas bebidas  		casi se le caen de las manos, desde el fondo del exclusivo cementerio,  		avanza hacia ellos una columna de gente de piel oscura y mirada grave,  		son mujeres morenas con sus hijos en brazos, son hombres curtidos por  		injusticias de larga data que llevan sobre sus hombros un féretro, y  		como si eso fuera poco, al ganar la calle, un grupo de bombos, tambores  		y redoblantes y hasta un acordeón de dos hileras acompañan con su ritmo  		las guarañas y chamamés que esa gente entona.</p>
<p>Ya no hay dudas, este sábado es inédito para el barrio.</p>
<p>Son las 16 , y hace mas de 1 hora que otros centenares de obreros,  		desempleados, mujeres y chicos esperan en la entrada de la Villa 31.  		Todos miran ansiosos para “afuera”, hacia la Estación Terminal de  		Omnibus. Al rato alguien cree escuchar algo y hace un además, todos  		callan, y si …, a lo lejos se escuchan tambores y luego de unos minutos  		se ve el cartel que encabeza la marcha “BIENVENIDO A CASA PADRE CARLOS”  		, atrás, sudorosos, luego de 40 cuadras, avanza la columna que acompaña  		a los 6 hombres que traen sobre sus hombros el cajón que guarda los  		restos tan queridos.</p>
<p><span id="more-407"></span></p>
<p>Han pasado 25 años, mucho tiempo, desde aquél fatídico 11 de Mayo,  		cuando desde una oficina siniestra se dio la orden “…Terminen con el  		cura Mugica…”. A los Asesinos Asalariados Argentinos no les cuesta  		ningún trabajo hallarlo, lo encuentran dando misa en una villa del Bajo  		Flores, cuando sale, la metralla asesina termina con su vida.</p>
<p>Una vez mas, el asesinato fue inútil, los años no pudieron lograr que la  		gente sencilla lo olvide, como no pudieron lograr los López Rega de  		turno que se apague el fuego. Esa gente sufrida supo guardar bajo la  		escarcha de la dictadura la brasita encendida con su recuerdo.</p>
<p>Son las 16,30, la imagen de la virgen de Itatí se suma a la marcha, otra  		imagen, la de Caacupé también acompaña. Son cargadas en carros que esa  		misma noche servirán para “cartonear” la Capital, pero que, en ese  		momento son casi altares. Un grupo de niños forma la Guardia de Honor,  		con los ojos asombrados se saben protagonistas de un hecho histórico en  		el barrio. Ellos no lo conocieron personalmente, pero sus padres les han  		hablado de su obra y su pensamiento y con eso les basta para  		considerarlo uno de ellos, que para el Padre Carlos –sabemos quienes lo  		conocimos- es el mejor homenaje.</p>
<p>Dentro de la Villa, agrupaciones políticas y religiosas quieren que la  		comuna entre a sus locales, pero la columna no se detiene, sigue su  		marcha hacia su destino final, la Capilla del Cristo Obrero, la misma  		que el padre Mugica levantó con sus propias manos, allí, donde intentaba  		(y a veces lograba), multiplicar los panes y los peces, donde les  		hablaba de dignidad, de no bajar los brazos y de luchar por sus  		derechos.</p>
<p>Al llegar a la Capilla, las largas columnas provenientes de otras  		villas, desfilan ante los restos dándole la bienvenida y el último adiós  		que se debían, antes de depositarlo en la puerta de la Capilla, sobre  		ellos flamea definitivamente la oración laica de su pueblo “BIENVENIDO A  		CASA …”.</p>
<p>Son casi las 18 hs., estoy volviendo a mi casa, y en mi memoria se  		agolpan los recuerdos, durante la ceremonia y los discursos en la Villa,  		alguien llamó a Carlos el “Cura disidente” y eso me lleva a plantearme  		esa idea. Sé que presentar a Carlos Mugica como un sacerdote  		‘tradicional’ no sería justo, lo que no significa que haya faltado con  		el mandato que dejó aquel nazareno antes de su ejecución en un madero.</p>
<p>Su actitud de disidente con el Vaticano, como lo apostrofó alguien, no  		fue buscada por él, su convicción de que su actividad era coherente con  		su fe, hacía que lo tuviera sin cuidado en efecto que producían sus  		palabras entre algunos de sus pares o superiores.</p>
<p>A veces, pensando en él, me pregunto si era el único en llevar de esa  		manera su sacerdocio. Recuerdo que cuando alguien le pedía confesión,  		luego de escucharlo con los atributos y ritos que exige la Iglesia, le  		daba de penitencia limpiar el comedor comunitario que funcionaba en la  		parroquia durante una semana, o ayudar en la cocina en lo que hiciera  		falta para preparar el almuerzo o merienda a los 70 pibes que atendía a  		diario, ante la mirada azorada de algunos de los confesados que  		esperaban alguna cantidad de ave-marías o padrenuestros como penitencia.</p>
<p>Sé que puede sentirse ofendido algún creyente por lo que digo, pero no  		es esa mi intención, solo trato de ser honesto ante el recuerdo de quien  		me inspiró un profundo respeto a pesar de no compartir su fe ni sus  		creencias religiosas. Recuerdo cuando alguna vez, luego de caminar por  		la Villa 31, volvíamos a tomar mate a su parroquia Cristo Obrero, al ver  		a alguna persona arrodillada rezando, le decía que no hiciera macanas,  		recuerdo algunas explicaciones que le daba a la gente “…cuando el Señor  		te ve de rodillas, viene en tu ayuda, pero cuando se dispone a  		escucharte para que le cuentes tus problemas, solo escucha “…santificado  		sea tu nombre, venga a nos…” y entonces el Señor se va a escuchar a otro  		hermano sin saber que te pasa…”, les explicaba que repetir sin solución  		de continuidad frases no era la forma de llegar al Señor, que le hablara  		como le hablaría a un hermano o a un padre, explicándole cual era su  		problema y solicitando su ayuda. Otra vez, ante un pedido de un grupo de  		mujeres de que les organice una ‘novena’ o una cadena de oración, les  		contestaba que si querían ser buenas cristianas, organizaran rondas de  		costura, zurciendo la ropa que llegaba a la parroquia para luego  		entregar a los pibes o rondas de tejido haciendo bufandas o ropas para  		los mas chicos.</p>
<p>He oído también que, cuando se quedaba sin hostias, consagraba pedacitos  		de chipá y hasta tortas fritas para repartir la comunión, y no me  		sorprendería que fuese cierto, aunque yo nunca lo ví, ya que cuando daba  		misa, al no ser creyente, prefería quedarme afuera y no participar. Hay  		cien anécdotas sobre Carlos, muchas de ellas ciertas y otras fruto de la  		imaginación popular, y estoy seguro que con la dirección que tiene hoy  		el credo que él profesaba, lo llamarían “El Cura Traidor”, pero  		deberíamos preguntarnos ¿traidor a quién?, y sabríamos que nunca  		traicionó su fe ni su pueblo.</p>
<p>Ramiro Ross<br />
<span class="lg" style="font-weight:normal;"> <a href="mailto:ramiroross07@hotmail.com"> ramiroross07@hotmail.com</a></span></p>
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En el mes de agosto de 1999, la hermana del Padre  		Carlos, como le gustaba que lo llamaran, me llamó angustiada para  		avisarme que se vencía el permiso de la sepultura donde estaba Carlos en  		el cementerio, nos pusimos en movimiento para “salvar” los restos tan  		queridos de Carlos y nos pareció que el único lugar donde merecían  		guardarlos era la Villa 31, sin mas, hablamos con los Villeros, que  		aceptaron inmediatamente. Luego de infinidad de gestiones, logramos el  		permiso para retirarlo y la siguiente es la crónica de su traslado.
Cuando el sábado está soleado, en el bar “La Biela” de la Recoleta, lo  		‘mejor’ de nuestra sociedad se da cita para mirar y ser mirado, y este 9  		de Octubre de 1999 pasaba sin sobresaltos (como a ellos les gusta), pero  		algo les vino a alterar la tarde. A las 14,30 hs., sus costosas bebidas  		casi se le caen de las manos, desde el fondo del exclusivo cementerio,  		avanza hacia ellos una columna de gente de piel oscura y mirada grave,  		son mujeres morenas con sus hijos en brazos, son hombres curtidos por  		injusticias de larga data que llevan sobre sus hombros un féretro, y  		como si eso fuera poco, al ganar la calle, un grupo de bombos, tambores  		y redoblantes y hasta un acordeón de dos hileras acompañan con su ritmo  		las guarañas y chamamés que esa gente entona.
Ya no hay dudas, este sábado es inédito para el barrio.
Son las 16 , y hace mas de 1 hora que otros centenares de obreros,  		desempleados, mujeres y chicos esperan en la entrada de la Villa 31.  		Todos miran ansiosos para “afuera”, hacia la Estación Terminal de  		Omnibus. Al rato alguien cree escuchar algo y hace un además, todos  		callan, y si …, a lo lejos se escuchan tambores y luego de unos minutos  		se ve el cartel que encabeza la marcha “BIENVENIDO A CASA PADRE CARLOS”  		, atrás, sudorosos, luego de 40 cuadras, avanza la columna que acompaña  		a los 6 hombres que traen sobre sus hombros el cajón que guarda los  		restos tan queridos.

Han pasado 25 años, mucho tiempo, desde aquél fatídico 11 de Mayo,  		cuando desde una oficina siniestra se dio la orden “…Terminen con el  		cura Mugica…”. A los Asesinos Asalariados Argentinos no les cuesta  		ningún trabajo hallarlo, lo encuentran dando misa en una villa del Bajo  		Flores, cuando sale, la metralla asesina termina con su vida.
Una vez mas, el asesinato fue inútil, los años no pudieron lograr que la  		gente sencilla lo olvide, como no pudieron lograr los López Rega de  		turno que se apague el fuego. Esa gente sufrida supo guardar bajo la  		escarcha de la dictadura la brasita encendida con su recuerdo.
Son las 16,30, la imagen de la virgen de Itatí se suma a la marcha, otra  		imagen, la de Caacupé también acompaña. Son cargadas en carros que esa  		misma noche servirán para “cartonear” la Capital, pero que, en ese  		momento son casi altares. Un grupo de niños forma la Guardia de Honor,  		con los ojos asombrados se saben protagonistas de un hecho histórico en  		el barrio. Ellos no lo conocieron personalmente, pero sus padres les han  		hablado de su obra y su pensamiento y con eso les basta para  		considerarlo uno de ellos, que para el Padre Carlos –sabemos quienes lo  		conocimos- es el mejor homenaje.
Dentro de la Villa, agrupaciones políticas y religiosas quieren que la  		comuna entre a sus locales, pero la columna no se detiene, sigue su  		marcha hacia su destino final, la Capilla del Cristo Obrero, la misma  		que el padre Mugica levantó con sus propias manos, allí, donde intentaba  		(y a veces lograba), multiplicar los panes y los peces, donde les  		hablaba de dignidad, de no bajar los brazos y de luchar por sus  		derechos.
Al llegar a la Capilla, las largas columnas provenientes de otras  		villas, desfilan ante los restos dándole la bienvenida y el último adiós  		que se debían, antes de depositarlo en la puerta de la Capilla, sobre  		ellos flamea definitivamente la oración laica de su pueblo “BIENVENIDO A  		CASA …”.
Son casi las 18 hs., estoy volviendo a mi casa, y en mi memoria se  		agolpan los recuerdos, durante la ceremonia y los discursos en la Villa,  		alguien llamó a Carlos el “Cura disidente” y eso me lleva a plantearme  		esa idea. Sé que presentar a Carlos Mugica como un sacerdote  		‘tradicional’ no sería justo, lo que no significa que haya faltado con  		el mandato que dejó aquel nazareno antes de su ejecución en un madero.
Su actitud de disidente con el Vaticano, como lo apostrofó alguien, no  		fue buscada por él, su convicción de que su actividad era coherente con  		su fe, hacía que lo tuviera sin cuidado en efecto que producían sus  		palabras entre algunos de sus pares o superiores.
A veces, pensando en él, me pregunto si era el único en llevar de esa  		manera su sacerdocio. Recuerdo que cuando alguien le pedía confesión,  		luego de escucharlo con los atributos y ritos que exige la Iglesia, le  		daba de penitencia limpiar el comedor comunitario que funcionaba en la  		parroquia durante una semana, o ayudar en la cocina en lo que hiciera  		falta para preparar el almuerzo o merienda a los 70 pibes que atendía a  		diario, ante la mirada azorada de algunos de los confesados que  		esperaban alguna cantidad de ave-marías o padrenuestros como penitencia.
Sé que puede sentirse ofendido algún creyente por lo que digo, pero no  		es esa mi intención, solo trato de ser honesto ante el recuerdo de quien  		me inspiró un profundo respeto a pesar de no compartir su fe ni sus  		creencias religiosas. Recuerdo cuando alguna vez, luego de caminar por  		la Villa 31, volvíamos a tomar mate a su parroquia Cristo Obrero, al ver  		a alguna persona arrodillada rezando, le decía que no hiciera macanas,  		recuerdo algunas explicaciones que le daba a la gente “…cuando el Señor  		te ve de rodillas, viene en tu ayuda, pero cuando se dispone a  		escucharte para que le cuentes tus problemas, solo escucha “…santificado  		sea tu nombre, venga a nos…” y entonces el Señor se va a escuchar a otro  		hermano sin saber que te pasa…”, les explicaba que repetir sin solución  		de continuidad frases no era la forma de llegar al Señor, que le hablara  		como le hablaría a un hermano o a un padre, explicándole cual era su  		problema y solicitando su ayuda. Otra vez, ante un pedido de un grupo de  		mujeres de que les organice una ‘novena’ o una cadena de oración, les  		contestaba que si querían ser buenas cristianas, organizaran rondas de  		costura, zurciendo la ropa que llegaba a la parroquia para luego  		entregar a los pibes o rondas de tejido haciendo bufandas o ropas para  		los mas chicos.
He oído también que, cuando se quedaba sin hostias, consagraba pedacitos  		de chipá y hasta tortas fritas para repartir la comunión, y no me  		sorprendería que fuese cierto, aunque yo nunca lo ví, ya que cuando daba  		misa, al no ser creyente, prefería quedarme afuera y no participar. Hay  		cien anécdotas sobre Carlos, muchas de ellas ciertas y otras fruto de la  		imaginación popular, y estoy seguro que con la dirección que tiene hoy  		el credo que él profesaba, lo llamarían “El Cura Traidor”, pero  		deberíamos preguntarnos ¿traidor a quién?, y sabríamos que nunca  		traicionó su fe ni su pueblo.
Ramiro Ross
  ramiroross07@hotmail.com
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